sábado, 30 de abril de 2011

What's the meaning of life?



Hace tiempo, en clase de inglés, me lo han preguntaron y no supe qué responder. Al final contesté lo primero que se me pasaba por la cabeza y que más o menos se ajustaba con mi "perspectiva de la vida": fijar y alcanzar metas. Cuánta exactitud, la vida es algo muchísisisimo más abstracto, lo de metas parece referirse sólo al tema profesional. Pero si lo que estás buscando es mi definición técnica... Sí, supongo que es algo parecido a éso. También puede pasarte por la cabeza la siguiente respuesta: "el sentido de la vida es encontrar la felicidad". Y te quedas: "uahu, ¿te lo has currado, eh?"

Pero si le busco un sentido más interno, algo que me salga de dentro de verdad... Qué difícil se me pone, "¿cuáles son tus metas en la vida?", una pregunta que me pone nerviosa. Como si en la vida ya tuvieses que tener un plan sobre el cual actuar de manera premeditada y fija. Brrrr, qué va, no lo veo así. Pero sin embargo tampoco me parece correcto no tener metas en la vida. Y es que sí que tengo objetivos y metas en la vida lo que pasa es que no he definido el camino ni la duración de este trayecto. Hay un especial que está en la cumbre del Everest, a kilómetros de altura. La cima me parece tan lejana y el recorrido tan imposible.

Y ahora unas preguntas simples, ¿en qué consiste la felicidad para ti? Una vez mi tía me dijo que apuntase en una papel 20 cosas que me hiciesen feliz y que intentase hacer 5 cada día. Algo así como una terapia.

sábado, 19 de febrero de 2011

Uhum

Parece que últimamente no hago más que recibir señales, si es que existen las señales lo cual dudo mucho. Como necesitasemos que nos empujasen a actuar... Espera, es verdad que más de una vez necesitamos un empujón para empezar a hacer algo, qué digo un empujón, necesitamos una maldita pistola en la cabeza para tomar una decisión.

¿Y si las señales nos la buscasemos nosotros? Nos inventamos indicios que nos animan a hacer lo que de verdad queremos y nuestra mente (perezosa mente...) nos "protege" diciendo que es mucho mejor esperar, que las cosas llegan solas. Y eso es lo que me gusta pensar, que ya llegará todo lo que tenga que llegar...

Y es que estoy taaan cansada de imaginar que se me ha hecho hasta aburrido. No está bien esperar tanto, con miedo del qué me dirá. De verdad que esas señales son desesperantes, ¡que paren ya! Porque de todas las cosas que tengo la cabeza, uf, cuántos pájaros hay, sólo son ideas que no soy capaz de canalizar (esta palabra me recuerda a los canelones) todo lo que quiero en acciones, como si fuese un embudo atascado.

Arrr... Let me think...
Arrr... Stop thinking!

Seguro que se podría escribir una canción con ese estribillo... Me falta el ritmo... Ah, no no, ya lo tengo.

Venga va, a la próxima señal lo hago...

sábado, 5 de febrero de 2011

Let it be?

Espero que pienses en mí cuando oigas esa canción.

Y antes de dormir, "Oh dear" de Brandi Carlile.



Oh dear out here
Everybody stumbles on fear
Who cares if we’re scared
Everyone is on their own

It’s only you that my heart desires
Only you alone can know my pain
All alone you were sitting there
Folding pages for your paper chain

Now you can cut me free (now you can cut me free)
So when it all unfolds (so when it all unfolds)
We’ll be holding hands and go on
Together you and I forever

Heart breaks mistakes
Catching up to me in old ways
I know of hard days
Had my share of lonely nights

Its only you that my heart desires
Only you alone can break my fall
I pace the floor and I wish for more
While you were dreaming with your paper dolls

Now you can cut me free (now you can cut me free)
Forever say goodbye (forever say goodbye)
Or well be holding hands and go on
Together you and I forever

Poor dear out here
Everybody stumbles on fear
Who cares if you’re scared
Everyone is on their own

Oh dear.

lunes, 24 de enero de 2011

Prrrrrrr

A ritmo de canciones que tienen una especie de ente mágico capaz de animarte, casi las 2 de la mañana y no puedo dormir, o quizás es que no quiero. La calefacción debajo de la mesa me está quemando las rodillas y el cerebro. Si no fuese porque tengo que preocuparme por los exámenes no me preocuparía por nada más, parece que después de una época revuelta la "calma", si es que hay que llamarlo así, ha vuelto. O mucho mejor, la montaña rusa en la que voy montada las 24 horas del día está bajando la cuesta más alta, a toda velocidad, el viento frío sopla y no hace otra cosa que airearme el cerebro y la mente. No empecemos con metáforas, cuando escucho este tipo de música (Pink "Raise your glass" o Eminem "We made you") no suelo escribir.

El relato a medio escribir que sigue sin argumento, sólo un puñado de folios con mala calígrafía, párrafos fruto de momentos de inspiración mezclados con desesperación y una pizca de desaliento por mi parte. Un grito sin sonido ni letra. Quizás algún ordene todo lo que tengo así, éste lo termino, prometido.

Además, tengo que empezar a renovar el blog y dejar de escribir sobre mí para hacerlo con cosas mucho más importantes. Se puede hacer de todo y yo no hago más que centrarme en mis intereses...

Virus MEP, ya hablaré más sobre ese tema, ahora es tarde y voy a intentar dormir algo si mañana quiero abrir los ojos sin usar alicates.

martes, 11 de enero de 2011

Maybe

La noche inmensa, más inmensa sin ella. Sentí el frío de la cama, más frío sin ella, la almohada no se dividía ya en dos reinos donde la frontera había perdido su forma. Su lado del colchón se endurecía a medida que transcurría el tiempo. Cada mañana igual, me despertaba, suspiraba y sonreía en un simple intento de parecer normal. Como si mi orgullo no estuviese tan frío como ese colchón sin ella. Mi orgullo y mi pasión acompañados de todos mis sentimientos. Mi interior estaba tan vacío como un cuadro en blanco. Dicen que es imposible pensar en blanco, no pensar en nada. No lo creo, aunque sea por un instante, todos nos hemos quedado transpuestos tras una noticia impactante. Así estaba yo, congelada y rígida ante una habitación vacía de su ropa y su risa.

Su foto me sonrió, recordaba ese momento como uno de los más felices de mi vida. Han sido tantos y sin embargo ese uno de los pocos que aún perduran en mi memoria de un pez que muere por tu boca. Tu risa me evadía en ese mismo instante, tus ojos parecían hablar con voz propia. Y mi rostro lucía una sonrisa tan fácil de identificar... Y de repente, sin más, cogí el marco para sacar la foto. Guardé el marco en cualquier cajón libre de inutilidades. La foto perdió sentido para mí, al menos aquél que yo le había concedido.

Sin pensarlo dos veces salí a la calle dispuesta a encontrar su pedazo de cama vacía y explicarle que por muchos ojos que mire de frente sólo serán los suyos los que me sobresalten. No, demasiado artificial... No le podía decir eso a alguien salida de serie.

La encontré como siempre, en su mundo de oficinas y tacones altos, disfrazada de una chica alta y guapa conocida por saber cómo encender a los hombres. Esperé mucho tiempo hasta que por fin salió de aquel infierno disimulado con cuero y mesas grises, iba acompañada de un traje con cerebro y sombrero, ambos sonreían alegremente, sólo uno lo hacía de verdad. Creí que no me había visto, al parecer no paso tan desapercibida ante sus ojos.

Me miró como sólo ella sabía mirarme, observando mi interior, buscando mis sueños en la cuenca de mis ojos. Todo estaba fuera de lugar, ella con sus tacones, yo con mi no-sonrisa, en un lugar donde el tiempo tiene dueño y el dinero está en carteras de piel. Me decidí a escapar convencida de que no se arriesgaría a seguirme. Error, se montó en la moto con mi propio casco, creo que quería ir a alguna parte...

De regreso a mi casa llena de luz y de su ausencia se quito los tacones en el ascensor y paseó sus pies envueltos de una fina media hasta mi vestíbulo. No hacía falta decir nada aún, el perdón se palmaba en mi cara y su sonrisa iba llenando la suya, qué sencillos somos tan de vez en cuando... Sin pausa y sin prisa nos atrapamos en una marea de piel y huesos, qué fácil es hacerse un castillo...

No volví a encontarme a oscuras.

lunes, 3 de enero de 2011

Querida..

“Hueles a perfume de mujer” pensé que me diría pero, como tantas otras noches, no dijo ni una sola palabra cuando yo me deslicé en nuestra cama. La abracé y no obtuve respuesta, siempre igual, tan fría y tan distante. Nunca me hablaba y yo era incapaz de hacerla entrar en calor. Su dureza me hacía creer que nuestra relación jamás había estado viva. Y yo ya no sabía ni qué pensar o decir. Así es que la dejé marchar con él. Abandonó el colchón para irse al suelo con el cojín, maldita la hora en la que lo compré. La despedí sabiendo que no encontraría otra almohada como aquella, capaz de hacerme descansar y respirar tranquila en esa cama tan vacía.




Eh, bonita imagen, ¿no?

martes, 28 de diciembre de 2010

Bicicletas y ruedines


Hace poco me paré a pensar lo mucho que cambia nuestra perspectiva respecto al mundo, cómo de un día para otro, o de un mes a otro si queremos alargar un poco más el cambio, nada es lo que era antes. Aunque la diferencia sea mínima lo vemos como algo intenso y enorme. Porque el cambio asusta, la inestabilidad roza tu vida y te sientes como cuando te quitaron las rueditas pequeñas de tu bici. Sientes ese pequeño empujón que te dan tus padres y empiezas a pedalear, con las manos temblando y el corazón a 120 km/h. Recorres unos metros tambaleándote, haciéndo zig-zag. Y de repente de das cuenta, ya has cambiado, ya sabes utilizar tu bici de mayor. Te paras, miras hacia atrás y sonríes a tus padres, te vuelves a dar la vuelta y sigues hacia delante. La seguridad te invade y te sientes casi volando porque has conseguido algo que parecía imposible. Pero ahí no acaba, al poco tiempo te encontrarás con el bordillo de la acera y no sabrás lo que hacer. Primero por precaución te bajarás y miras con miedo hacia atrás, esta vez no puedes dar media vuelta. Impulsándote con un pie en el suelo subes la bicicleta y ya está todo bien de nuevo. Hasta que un día eres capaz de subir bordillos sin bajarte de la bici, saltando e incluso pedaleando a toda velocidad.

Pero todo es un proceso, lo que nos parecía imposible ahora es rutina, lo que antes era algo nuevo y extraño ahora nos parece lo más normal y lo mejor que nos ha podido pasar. Nos acostumbramos a todo, a veces nos cuesta más, otras menos. Y es que es imposible que no nos adaptemos a los cambios, estamos programados para ello. Llegamos a un punto en el que no nos sorprende lo que pasa a nuestro alrededor. La clave es seguir buscando cosas que nos asombren, que nos maravillen o que nos repugnen, pero que al menos originen una sensación en nosotros. Que nos hagan sentir algo más que un ser vivo.